EN LA TRADICIÓN MARONITA

 

En la Cuaresma, tiempo de conversión, la Iglesia vive tres prácticas penitenciales: la limosna, la oración y el ayuno. 

Dentro de la práctica del ayuno se encuentra la abstinencia de carne de animal de “sangre caliente”, es decir, se prohíbe comer carne. Antiguamente se extendía también a sus derivados.

 

Por ejemplo la leche y demás lácteos son productos derivados de la vaca, de ahí que estos también quedaban prohibidos durante la cuaresma (crema, yogurt, etc.) y por tanto se dejaban de comer.

 

En el caso de la prohibición de la carne de pollo y gallina,  se extendía a no comer tampoco los huevos.

 

Lo mismo podríamos decir de los demás animales de “sangre caliente”, de sus productos y de sus derivados.

 

Concretamente con los huevos, que es de lo que estamos hablando, es lógico que durante la Cuaresma las gallinas continuaran produciendo huevos, de ahí que al terminar el periodo penitencial había una “sobredemanda” de huevos, y esto creaba la necesidad de consumirlo rápidamente, para que no se echaran a perder. Así surge, inicialmente, que la Pascua se caracterizase por el consumo de huevo en sus variadas formas.

En la actualidad se conserva sólo la abstinencia de la carne en sí (no de sus derivados) para todos los viernes de Cuaresma, para el día de la imposición 

de ceniza y para el Viernes Santo; sin embargo, muchos cristianos piadosos lo viven durante toda la Cuaresma, aún hoy en día.

 

FINAL DEL AYUNO

 

En el gran día de la gloriosa Resurrección, después de la bendición final de la Misa, el sacerdote quebraba un huevo estrellándolo en un plato, como símbolo de que el ayuno y la abstinencia de carne se rompían en ese momento, porque había terminado ya el tiempo penitencial y a voz en grito clamaba: “¡Cristo ha resucitado!”, a lo que la asamblea le respondía: “¡En verdad ha resucitado, aleluya!”.  Estas frases aún se conservan en la liturgia maronita de la misa de Resurrección y se suele repetir durante todos los domingos de la Pascua. Es incluso usado como saludo en todo el tiempo pascual entre los amigos. Por ejemplo, en vez de decir “buenos días” o “felices pascuas”, se saludan diciendo: “Cristo ha resucitado” y la respuesta del que recibe el saludo es invariablemente: “en verdad ha resucitado”, a veces se omite el “aleluya”. En el Líbano la frase literal es: المسيح قام!   حقّاً قام!   هللويا!  (transliterado en caracteres españoles podría ser:  para el saludo: “¡Al-Masih qam!”, y para la respuesta: “¡Haqqan qam!, ¡Aleluya!”).

 

 

SIMBOLISMOS

 

  • - El cascarón del huevo representa la piedra cerrada del sepulcro, mientras que su contenido, la célula, simboliza la Vida, pero más concretamente a Cristo: autor de la Vida. La ruptura del huevo denota que la vida ha roto la piedra, es decir, la Resurrección.

 

  • - Los huevos pintados de rojo hacen referencia a la sangre de Cristo que con ella nos redimió; por su parte, los huevos de colores significan la alegría de la vida que Cristo ganó para nosotros. (Nota: sobre los huevos pintados de rojo existe una bonita leyenda atribuida a santa María Magdalena, pero leyenda no nacida en la tradición maronita, sino en otra tradición  oriental).

 

  • - Los huevos escondidos figuran la lucha por la santidad, es decir, el esfuerzo que hemos de hacer por buscar la vida en Cristo. Y son además, un entretenido juego de niños y jóvenes.

 

  • - Golpear un huevo cocido contra otro simboliza la fuerza de la fe: el que es fuerte en la fe siempre vence. Como juego de niños, al primero que se le rompa su huevo cocido al estrellarlo con otro huevo cocido, pierde.

 

Los huevos adornados han sido fruto de la creatividad artística, talento del ser humano; un ingenio que además, en la actualidad, ha sabido sustituir los huevos naturales por huevos de chocolate, pastel, caramelo, etc., sin que se pierda la esencia original de este simbolismo: la gloriosa Resurrección de Cristo.

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