Respuestas de San Juan Pablo II cuando fue Papa a preguntas de los jóvenes...

 

Fuente: www.encuentra.com

 

¿Cual es la tarea de los jóvenes en la Iglesia?

Por consiguiente, si me preguntáis "¿Qué debemos hacer en la Iglesia, sobre todo nosotros los jóvenes?" tengo que responderos: aprender a conocer a Cristo. Constantemente. Aprender de Cristo. En Él se encuentran verdaderamente los tesoros insondables de la sabiduría y de la ciencia.  

En el, el hombre, sobre quien pesan sus limitaciones, sus vicios, sus debilidades y sus pecados, se convierte realmente el "hombre nuevo", se convierte en el hombre "para los demás" y se convierte también en la gloria de Dios, porque la gloria de Dios, como dijo en el siglo II San Ireneo de Lyon, obispo y mártir, es el "hombre viviente".

La experiencia de dos milenios nos enseña que, en esta obra fundamental, la misión de todo el Pueblo de Dios no existe ninguna diferencia esencial entre el hombre y la mujer. Cada uno en su genero según as característica específicas de la feminidad y la masculinidad, llega a ser ese "hombre nuevo", es decir, ese hombre "para los demás" y, como hombre viviente, llega hacer la gloria de Dios, en el sentido jerárquico, está dirigida por los sucesores de los apóstoles, y, por lo tanto, por hombres, es todavía más verdad que, en el sentido carismático, las mujeres la "conducen" igualmente, e incluso mejor todavía: os invito pensar frecuentemente en María, la Madre de Cristo.

 

Antes de concluir este testimonio basado en vuestras preguntas, quisiera una vez más dar las gracias muy especialmente a los numerosos representantes de la juventud francesa que, antes de mi llegada a París, me enviaron millares de cartas. Os agradezco el que hayáis manifestado este vínculo, esta comunión, esta corresponsabilidad. Y deseo que ese vinculo, esta comunión y esa corresponsabilidad continúen ahondándose y desarrollándose tras nuestro encuentro de esta noche.

 

Os pido también que reforcéis vuestra unión con los jóvenes de toda la Iglesia y de todo el mundo, en el Espíritu de esta certeza de que Cristo es nuestro camino, la verdad y la vida (cf. Jn. 14, 6)

Unámonos ahora en esa oración que Él mismo nos enseñó, cantando el "Padre Nuestro". Y recibid todos, para vosotros, para los chicos y chicas de vuestra edad, para vuestras familia y para los hombres que más sufren la bendición del Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro.

 

"Padre nuestro que estas en los cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo. El pan nuestro de cada día dánosle hoy, y perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal, Amén".

 

San Juan Pablo II a los jóvenes de Francia, Junio de 1980

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