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Música Maronita

Los orígenes de los himnos de la Iglesia maronita están estrechamente relacionados con los de la Iglesia de Antioquía, heredera directa de Jerusalén. La primera comunidad cristiana antioquena nació en un entorno judío. Esta asamblea, íntimamente vinculada a la sinagoga, se inspiraba en su oración colectiva en las tradiciones judías: lecturas del Antiguo Testamento a las que se añaden extractos del Nuevo Testamento, himnos de salmos y cánticos bíblicos. Pero pronto, la Iglesia salió de su contexto judío y se desarrolló según su propio modo.

Nacieron nuevas tradiciones, los himnólogos inspirados enriquecieron a la Iglesia, bien adoptando melodías y formas inspiradas en la tradición judía, como los salmos, o en el himno popular, bien componiendo nuevas melodías y nuevas formas. En el siglo I, encontramos huellas de estas formas, por ejemplo en las Cartas de San Pablo o en otros escritos del Nuevo Testamento.

 

Entrelazada con influencias romanas, bizantinas y judías, la tradición antioquena vio nacer un nuevo elemento en el siglo IV: la himnodia siríaca de Edesa representada especialmente por San Efrén de Edesa (306-373).

Como afirma San Efrén, ya en el siglo II, Bardesan (154-222) compuso himnos con los que propagó sus ideas y doctrinas; Harmonius, su hijo, se encargó de darles bellas melodías que compuso o adaptó de un repertorio más antiguo. Los textos y las melodías estaban tan bien compuestos que deleitaban a los oyentes y los desviaban de la doctrina verdadera.

 

Cuando San Efrén vio el gusto de los habitantes de Edesa por los himnos, instituyó actividades musicales para los jóvenes a cambio de sus juegos y bailes. Estableció coros de vírgenes a las que hizo dividir los himnos en estrofas y coros. Puso en estos himnos delicados pensamientos e instrucciones espirituales sobre el nacimiento de Cristo, sobre el bautismo del Señor, sobre el ayuno y sobre las obras  de Cristo, sobre la Pasión, la Resurrección y la Ascensión, así como sobre los confesores, sobre la penitencia y sobre los difuntos. Las vírgenes se reunían los domingos, en las grandes fiestas y en la conmemoración de los mártires; y él, como un padre, se ponían en el centro, acompañándolas con el arpa. Las dividía en coros para alternar melodías y les enseñaba las diferentes melodías musicales, de modo que toda la ciudad se congregaban a su alrededor y los opositores de la fe se avergonzaban y desaparecían poco a poco.

SAN EfrÉn

San Efrén nos dejó una amplia literatura en lengua siríaca. Teólogo y poeta, utilizó los artilugios poéticos para propagar las ideas teológicas y las enseñanzas de la Iglesia.

 

La obra de San Efrén domina toda la himnografía siríaca, la actual liturgia maronita es un verdadero testimonio.

 

Después del Concilio de Calcedonia (año 451), el Patriarcado de Antioquía fue dividido por el monofisismo en dos grupos: una calcedoniano (fiel al papa) y otra monofisita (no calcedoniana).

 

Entre los siglos VII y VIII, los calcedonianos se dividieron en melquitas y maronitas, y los monofisitas se llamaron sirios ortodoxos o jacobitas. Los melquitas se alejaron gradualmente de la tradición de Antioquía para adoptar, a partir del siglo XII, la de Bizancio. Los maronitas y los sirios ortodoxos permanecieron fieles a la liturgia de Antioquía. Pero cada grupo tendrá sus particularidades manteniendo el espíritu antioqueno.

Con los cruzados, entre los siglos X y XII, los maronitas comenzaron a adoptar usos y ritos de la Iglesia latina; fue el primer intento de latinización. Sin embargo, al introducir modificaciones en el texto de la liturgia, la mayoría de las veces trataron de adaptarlas a las reglas del antiguo rito antioqueno.

 

Un segundo intento de latinización tuvo lugar en el siglo XVI con los misioneros occidentales y la fundación del Colegio Maronita de Roma (1584-1808).

 

A pesar de todas estas tendencias de occidentalización, el canto maronita pudo salvar sus características. Además, no encontramos ningún nombre de compositor maronita ni ninguna transcripción musical de himnos tradicionales maronitas antes de finales del siglo XIX. Las traducciones o composiciones de himnos en árabe se iniciaron en la primera mitad del siglo XVIII, sobre todo con Abdallah Qarali (1672-1742) y Germanos Farhat (1670-1732), y en la segunda mitad del mismo siglo con Youssef Estephan (1729-1793); pero siempre con el espíritu de la tradición, respetando las características del canto litúrgico tradicional.

Qolo

 

Vocablo en siríaco que significa una voz, un sonido, una palabra; es una especie de himno. Es un poema de una o varias estrofas, que da su incipit como título, su metro y su melodía a todo el poema, así como a las otras composiciones de las que es modelo. El rišqolo se refiere a la estrofa estándar sobre la que se miden y cantan las estrofas de otros himnos.

Madrošo

Esta palabra significa una lección, una instrucción.

 

Los madroše son himnos de la categoría más antigua de himnos líricos y didácticos en varios metros. San Efrén los utilizó para enseñar la buena doctrina contra los bardos y los gnósticos.

Sughito

 

Término arameo que significa una melodía, un himno, deriva del verbo «cantar».

 

Son himnos que tienen un aspecto popular y un carácter dramático. Adoptan la forma de un diálogo.

Bo’uto

 

Es una palabra en arameo que significa una oración, una súplica, una petición, deriva de los verbos «buscar», «pedir», «orar».

 

Se interpreta mediante una alternancia estrófica entre dos estribillos.

Sedro

 

Esta palabra deriva del verbo «disponer», «ordenar».

 

Designa una serie, un himno. Es una oración larga en prosa o en verso.

Mazmuro

 

Esta palabra significa salmo. Su función es la del salmo responsorial. Se sitúa siempre antes de las lecturas.

Su canto se alterna en tres estrofas entre el celebrante y los fieles.

Enyone

 

Palabra en arameo que significa respuesta.

 

Los enyones son respuestas o antífonas de la salmodia responsorial.

Lhudoyo

 

Esta palabra siríaca significa único, singular.

 

Es un canto de incienso. Este género del poema forma un conjunto orgánico.