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"Él debe aumentar; yo debo disminuir"


#maronitas

Escoto Erígena (?-c.870)

Benedictino irlandés

Homilía sobre el prólogo del Evangelio de Juan, cap. 16 (cf. SC 151, p. 281 rev.)


“Juan no era la luz, sino que vino a dar testimonio de la luz” (Jn 1,8). El precursor de la Luz no fue la Luz. Entonces, ¿por qué se le conoce popularmente como “lámpara encendida” (Jn 5,35) y “estrella de la mañana”? Él era en verdad una lámpara que ardía y brillaba, pero la llama con la que ardía, la luz con la que brillaba, no era la suya. Era la estrella de la mañana, pero no sacaba de sí mismo su propia luz: la gracia de aquel de quien era el precursor ardía y resplandecía en él. El no era la luz pero participaba de la luz y lo que brillaba en él y por él no salía de él.


En efecto, ninguna criatura, dotada de razón o de intelecto, es luz por sí misma en su propia sustancia. Comparte la Luz única y verdadera, la Luz sustancial que está en todas partes y en todo lo que nuestras mentes ven brillar.

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