“Crea en mí, oh Dios, un corazón puro” (Sal 50,12)



San Bernardo (1091-1153)

Monje cisterciense y doctor de la Iglesia

2do sermón para el 1ro. día de Cuaresma, 5; PL 183, 172-174


“Rasgad vuestros corazones y no vuestros vestidos”, dice el profeta (Jl 2,14). ¿Quién hay entre vosotros cuya voluntad esté particularmente sujeta a la obstinación? Que desgarre su corazón con la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Ef 6,17). Que lo rompa y lo reduzca a polvo porque sólo podemos convertirnos al Señor si tenemos un corazón contrito (Sal 51[50],19). Escuchen a alguien a quien Dios ha encontrado según su corazón: “Mi corazón está listo, oh Dios, mi corazón está listo” (Sal 57[56],8). Está listo para la adversidad, listo para la prosperidad; está lista para las cosas humildes, listo para los que se elevan en alto, listo para lo que tú mandes. “Mi corazón está listo, oh Dios, mi corazón está listo”. ¿Quién, como David, está listo para salir y volver y andar según la voluntad del Rey? (2Sm 5,2).

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