“Cuando seas mayor… otro te llevará… contra tu voluntad” (Jn 21,18)

San León Magno (?-c.461)

Papa y Doctor de la Iglesia

Sermón 82/69 por el aniversario de los Apóstoles Pedro y Pablo


#maronitas

¡No tuviste miedo de venir a esta ciudad de Roma, oh santo apóstol Pedro! … No tuviste miedo de Roma, la señora del mundo, tú que en la casa de Caifás te asustaste frente a la sierva del sumo sacerdote. Entonces, ¿fue el poder de los emperadores Claudio y Nerón menor que el juicio de Pilato o la furia de los líderes judíos? Es porque el poder del amor triunfó en ti sobre las razones para temer. No pensaste que tenías que temer a aquellos a quienes habías sido enviado a amar. Ya habíais recibido esta intrépida caridad cuando el amor que profesabais al Señor se fortalecía con su triple pregunta (Jn 21, 15ss.). Y para que creciera vuestra confianza, fueron las señales de tantos milagros, el don de tantos tantos carismas, la experiencia de tantas obras maravillosas. Así, sin dudar de la fecundidad de la tarea y sin ignorar el tiempo que os quedaba por vivir, trajisteis el trofeo de la cruz de Cristo a Roma, donde por predestinación divina, ambos te esperaba el honor de la autoridad y la gloria del martirio.


San Pablo vino a esta misma ciudad. Con vosotros fue apóstol, instrumento escogido (Hch 9,19) y maestro de las naciones (1 Tm 2,7). Vino a estar con vosotros en este tiempo en que ya toda inocencia, toda libertad, todo pudor estaban oprimidos bajo el poder de Nerón, quien en su locura fue el primero en decretar una general y terrible persecución contra el nombre cristiano, como si la gracia de Dios pudiera haber sido detenido por masacrar a los santos... Pero "Preciosa a los ojos del Señor es la muerte de sus fieles". (Sal 116[117]:15) Ninguna crueldad podría destruir la religión fundada a través del misterio de la cruz de Cristo. La Iglesia no se reduce sino que se agranda a través de las persecuciones; el campo del Señor está siempre revestido de mayor cosecha cuando las semillas que caen solas vuelven a nacer como muchas (Jn 12,24). ¡Qué linaje produjeron esas dos plantas divinamente sembradas a medida que se desarrollaban! Miles de santos mártires, imitando el triunfo de los dos apóstoles,... coronaron esta ciudad con una diadema adornada con innumerables joyas.

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