Hazte creyente y sé mi apóstol.

Basilio de Seleucia (?-c.468)

obispo

Sermón de la Resurrección, 1-4


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“Pon tu dedo en las marcas de los clavos”. Me buscaste cuando no estaba, ahora aprovéchalo. Entiendo tu deseo a pesar de tu silencio. Antes de que me las digas ya sé tus pensamientos. Te escuché hablar y, aunque invisible, estuve a tu lado, al lado de tus dudas. Sin revelarme te hice esperar para considerar mejor tu afán. “Pon tu dedo en las marcas de los clavos. Pon tu mano en mi costado; no seas más incrédulo, sino cree.”


Entonces Tomás lo tocó y toda su desconfianza se desvaneció. Lleno de fe genuina y de todo el amor que se debe a Dios, exclamó: “¡Señor mío y Dios mío!”. Y el Señor le dijo: “Tú crees porque me has visto; ¡Dichosos los que no han visto y sin embargo creen!” Tomás llevó la noticia de la resurrección a los que no habían visto. Haz que toda la tierra crea, no por su propia vista, sino por tu palabra. Pasa por pueblos y ciudades lejanas. Enséñales a llevar la cruz en lugar de las armas sobre sus hombros. Sólo proclamadme: creerán y adorarán. No exigirán ninguna otra prueba. Diles que son llamados por gracia y, con tus propios ojos, contempla su fe. ¡En verdad, bienaventurados los que no vieron y sin embargo creyeron!


Este es el ejército que levanta el Señor; estos son los hijos de la pila bautismal, las obras de la gracia, el fruto del Espíritu. Han seguido a Cristo sin haberlo visto; lo buscaron y creyeron. Lo reconocieron con los ojos de la fe, no con los del cuerpo. No han metido el dedo en la marca de los clavos, sino que se han atado a su cruz y han abrazado sus sufrimientos. No han visto el costado del Señor pero, por la gracia, se han convertido en miembros de su cuerpo y han hecho suyas sus palabras: “¡Dichosos los que sin ver creen!”.


Texto bíblico

Una semana después, sus discípulos estaban nuevamente en la casa y Tomás estaba con ellos. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se acercó y se puso en medio de ellos y dijo: "La paz esté con ustedes".

Luego le dijo a Tomás: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Extiende tu mano y ponla en mi costado. No dudes sino cree.

Tomás le respondió: ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo: ¿Has creído porque me has visto? Bienaventurados los que no han visto y sin embargo han llegado a creer.

Pero Jesús hizo muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro.

Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

(Evangelio según San Juan 20, 26-31)

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