«Jesús se lo llevó solo, lejos de la multitud. Puso su dedo en los oídos del hombre»

San Agustín (354-430)

Obispo de Hipona (África del Norte) y Doctor de la Iglesia

Sermón sobre los Salmos, Sal 102[103] : 5-6 ; PL 37, 1319




"El Señor cura todos tus males" (Sal 102[103],3). No temas, todos tus males serán curados. Dices que son grandes, pero el médico es aún más grande.


Para un médico todopoderoso no existe ninguna enfermedad incurable.


Simplemente déjate cuidar, no rechaces su mano, él sabe lo que tiene que hacer. No te alegres sólo cuando actúe con dulzura, sino que aguanta también cuando pode. Acepta lo desagradable de la cura pensando en la curación que te traerá.


Fijaos en todas esas cosas, hermanos, que la gente soporta en sus males físicos con tal de prolongar su vida unos días... Vosotros, al menos, no estáis sufriendo por un resultado incierto: quien os ha prometido la salud no puede equivocarse.


¿Por qué los médicos se equivocan a veces? Porque no han creado el cuerpo que tratan. Pero Dios ha hecho tu cuerpo, Dios ha hecho tu alma. Él sabe recrear lo que ha creado, sabe remodelar lo que ha formado. No tienes más que abandonarte en sus manos de médico... Aguanta, pues, sus manos, oh alma que "le bendice y no olvida todos sus beneficios: cura todos tus males" (P2 102[103],2-3).


Aquel que hizo que nunca te enfermaras si guardabas sus preceptos, ¿no te curará? El que hizo a los ángeles y, al recrearte, te hará igual a los ángeles: ¿no te curará? El que hizo el cielo y la tierra, ¿no te curará después de haberte hecho a su imagen? (Gn 1,26) Él te curará, pero tú debes consentir en ser curado. Él cura perfectamente toda enfermedad, pero no la cura a pesar suyo... Tu salud es Cristo.


Texto bíblico


Luego regresó de la región de Tiro y se dirigió por el camino de Sidón hacia el mar de Galilea, en la región de la Decápolis.

Le trajeron a un sordo que tenía un impedimento en el habla, y le rogaron que le pusiera la mano encima.

Lo llevó aparte, en privado, lejos de la multitud, y le puso los dedos en los oídos, y escupió y tocó su lengua.

Luego, mirando al cielo, suspiró y le dijo: "Ephphatha", es decir, "Ábrete".

Y al instante se le abrieron los oídos, se le soltó la lengua y habló claramente.

Entonces Jesús les ordenó que no se lo dijeran a nadie; pero cuanto más les ordenaba, con más celo lo proclamaban.

Quedaron muy sorprendidos, diciendo: "Todo lo ha hecho bien; hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos".


(Evangelio según Marcos 7, 31-37)

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