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«¡Joven, te lo digo, levántate!»



maronitas

San Ambrosio (c.340-397)

Obispo de Milán y Doctor de la Iglesia

Tratado sobre el evangelio de san Lucas, 5, 89. 91-92


Incluso si los signos de la muerte han eliminado toda esperanza de vida, incluso si los cuerpos de los muertos yacen junto al sepulcro, sin embargo, a la voz de Dios, los cadáveres de los que están a punto de descomponerse se levantarán y recuperarán el habla.


El hijo es restituido a su madre, es llamado de vuelta del sepulcro, arrebatado de él. ¿Y qué es esta tumba? Tu mismo. Tus malos hábitos, tu falta de fe. Este es el sepulcro del que Cristo os libra, este es el sepulcro del que volveréis a la vida si escucháis la Palabra de Dios.


Aunque tu pecado sea tan grave que no puedas lavarlo con tus lágrimas de arrepentimiento, la Iglesia, tu madre, la que intercede por cada uno de sus hijos como una madre viuda por su único hijo, llorará por ti. Pues lo siente con una especie de sufrimiento espiritual que le es natural cuando ve a su descendencia arrastrada a la muerte por vicios lamentables.


Que llore, pues, esta piadosa madre; Que la acompañe la multitud, y no una multitud, sino una gran multitud, y que muestre compasión hacia esta tierna madre. Entonces resucitarás en tu sepulcro y serás liberado; los portadores se detendrán y empezaréis a pronunciar las palabras de los vivos; todos quedarán asombrados. El ejemplo de uno corregirá a muchos y alabarán a Dios por habernos concedido tales remedios para escapar de la muerte.

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