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MECC en el EPP - Webinar del Parlamento Europeo sobre Beirut después de la explosión

Dr. Michel Abs: El sangrado del Líbano necesita todo tipo de apoyo


El texto original fue publicado en MECC del 2 de noviembre de 2020. Traducción y publicación por Maronitas.org con la autorización expresa y petición de The Middle East Council of Churches.



El Dr. Michel Abs, Secretario General del MECC, participó en un seminario web organizado por el Grupo PPE - Unidad de Diálogo Intercultural y Religioso del Parlamento Europeo, con el tema "El Líbano después de la explosión del puerto marítimo de Beirut".


Durante este seminario web, el Dr. Abs pronunció un discurso sobre la situación política y económica del Líbano, las repercusiones de la explosión y la labor de socorro del MECC en caso de desastre. Además, el Excmo. Sr. Ralph Tarraf, Embajador y Jefe de la Delegación de la Unión Europea en el Líbano, también pronunció un discurso sobre la crisis política y económica a la que se enfrentan los libaneses, las causas de la explosión y cómo respondieron las Naciones Unidas a esta emergencia. A la reunión asistió un grupo de participantes de varios países de la Unión Europea.


La intervención completa del Dr. Michel Abs se encuentra a continuación:


Dr. Michel E. Abs


Secretario General


Consejo de Iglesias del Oriente Medio


La Explosión de Beirut no es un incidente aislado ni independiente de todo el proceso que el Líbano ha estado experimentando desde el final de la guerra civil en 1990. Este proceso culminó en una revolución que surgió el 17 de octubre de 2019. Cuando, ese jueves por la noche, cientos de miles de libaneses llenaron las calles del Líbano, hubo una protesta unánime: ¡Ya hemos tenido suficiente!


Esta agitación, llamada inicialmente como el “levantamiento de WhatsApp”, fue aparentemente una reacción a una propuesta del lado del Gobierno para gravar el uso de WhatsApp por parte de los libaneses; pero esto fue sólo la gota que colmó el vaso.


La historia comenzó mucho antes. Hace tres décadas, cuando los supuestos representantes de la nación se reunieron en la Península Arábiga, firmaron el Pacto de Unidad Nacional –llamado el Acuerdo de Taif– para poner fin a los quince años de guerra. Este acuerdo, que dejó al gobierno sin cabeza –o mejor dicho con tres cabezas– fue el punto de partida del deterioro sistemático durante tres décadas -incluso la destrucción- de las estructuras de gestión pública que se suponía debían salvaguardar los intereses del pueblo libanés que sobrevivió a la guerra. El producto final hoy en día es un sector público desmantelado y una vida política corrupta que no deja espacio para la esperanza de reforma. El peaje de la negligencia que caracteriza la gestión de los asuntos públicos es la única explicación de la situación que condujo a la explosión de Beirut, independientemente del hecho de que la explosión sea una mera combinación de circunstancias o una inducida.


Los líderes de la milicia que descubrieron y practicaron la herramienta mágica del sectarianismo político, la utilizaron de la mejor manera posible y de la manera más eficiente durante tres décadas, de 1990 a 2020. Durante este período se descubrieron miles de casos de corrupción y estallaron cientos de escándalos, pero ninguno de ellos fue tratado adecuadamente. Los diferentes grupos político-sectarios trazaron una línea roja frente a sus supuestos líderes. Si se explora el “archivo” de un político corrupto, todo el grupo político-sectario se pondrá de pie y lo protegerá. Durante todo este período, esta fue la receta de defensa que fue utilizada por todos los políticos, incluso si estaban en total animosidad unos con otros. La fórmula se aplica a todo el mundo y se convirtió en un consenso en la arena política. Tú practicas el perdón con mi líder, y yo practico lo mismo con el tuyo. El fanatismo era más fuerte que los intereses y paralizó todo el proceso de pensamiento racional que lleva a la rendición de cuentas. Por lo tanto, ninguna figura pública fue responsable de lo que cometió. Estamos en un estado de connivencia. Esto fue bautizado bajo el nombre de Democracia Consensual.


Por lo tanto, durante todo el período que nos separa del final de la guerra civil en 1990, muy pocas personas fueron responsabilizadas por lo que hicieron y menos fueron encarceladas. Cuando fue así, se debió principalmente al levantamiento de la cobertura del lado del líder político-sectario y principalmente por razones personales.


En este sentido, no nos engañamos llamando a estos líderes políticos o parlamentarios, sino príncipes. Su poder no proviene del pueblo que no tiene más remedio que elegirlos, sino de un poder divino que los eligió para “proteger” a la supuesta comunidad –el grupo político-sectario– frente a los otros políticos-sectarios. Para las masas, este deber fue suficiente para que estos príncipes pudieran abusar en su manejo de los recursos del país.


A través del aprendizaje por la práctica, la fórmula se desarrolló aún más: o bien esta clase gobernante gobierna el país y se apodera de sus recursos, o bien lo llevan a una guerra civil. Esta nueva ecuación de chantaje surge cada vez que las élites honestas requieren abrir “archivos” y hacer responsables a los príncipes por lo que hicieron.


La revuelta de los libaneses que comenzó en octubre de 2019 fue una verdadera y espantosa alarma temprana para el elenco de los príncipes. Indicó que el pueblo ya estaba harto de ser explotado y que el nivel de conciencia era lo suficientemente alto como para destruir los ídolos e impulsar la rendición de cuentas y el castigo. El reclamo central era recuperar la riqueza robada de los libaneses durante treinta años. Este evento fue un punto de inflexión en la historia contemporánea del Líbano. Los acontecimientos fueron poco convencionales y anunciaron un cambio de paradigma en la escena política.


Como respuesta a este levantamiento, se utilizaron todo tipo de trampas y castigos para disuadir a los libaneses de continuar con el proceso. Estas maniobras de la clase dirigente funcionaron en diferentes grados pero sin resultados concluyentes.


El advenimiento del COVID19, que fue acompañado por la dramática depreciación de la moneda libanesa, cambió el escenario. El foco de las masas descontentas se desvió, y el levantamiento comenzó a debilitarse, al menos aparentemente.


La Explosión de Beirut ocurrió en el mismo momento en que los libaneses estaban luchando con sus medios de vida. El deterioro de la moneda nacional redujo sustancialmente el nivel de vida de la gran mayoría de la población, ya que el Líbano es un país cuya economía se orientó, durante los últimos treinta años, hacia el alquiler y la especulación y que dependía en más de un 80% de la importación, incluso de los productos más elementales. Las empresas cerraban en centenares, los empleados eran despedidos por millares y se practicaban recortes salariales a ritmos elevados.


En todo esto, los libaneses se perdieron entre un gobierno y una clase dirigente extremadamente corruptos, una situación económica que se deterioraba y la amenaza de una lucha civil sectaria. La rana, feliz primero en el agua caliente, ya no pudo salir de ella cuando el agua comenzó a hervir.


Al igual que la pandemia COVID19, la Explosión de Beirut llegó como una carga adicional en el hombro de una sociedad extremadamente vulnerable, impidiendo así que la gente responsabilice a sus líderes-príncipes de lo que han perpetrado durante décadas. La gente está demasiado ocupada asegurando refugio, medicinas, comida y tasas de matrícula para poder cuidar de cualquier otra cosa.


La ayuda de socorro y reconstrucción que se prestó a las personas afectadas por la explosión a través de algunas organizaciones gubernamentales, el ejército libanés y algunos ministerios, así como a través de las ONG, sigue siendo muy inferior a lo que perdieron. Las cifras que arrojan las diferentes encuestas realizadas en las zonas afectadas muestran una enorme necesidad de financiación y un largo período de tiempo para la reconstrucción, ya que no se dispone de todos los materiales debido a problemas de tipo de cambio.


Más allá de los aspectos materiales de la Explosión de Beirut, la principal preocupación sigue siendo el aspecto psico-social, así como el cultural (los valores).


Para abreviar la historia, se diría que la Explosión de Beirut fue el golpe de gracia para cualquier esperanza que quedara en la reforma política y el establecimiento del estado de derecho e incluso para el futuro del Líbano. Las investigaciones, que se suponía que durarían unos pocos días como se había prometido, siguen sin resultados concluyentes tres meses después de la catástrofe. Los libaneses no esperan nada positivo de los días venideros y tienen la certeza de que todo el asunto quedará envuelto como miles de casos similares desde la independencia del Líbano en el decenio de 1940.


La esperanza, la resistencia y la determinación pueden ayudar a reconstruir un país, pero la pregunta crucial es: ¿los libaneses siguen teniendo estas cualidades?


La carrera entre la desesperación y la esperanza es dura, pero los libaneses son conocidos por ser un pueblo duro, como las rocas que han roto a través de la historia para construir su país.


Mientras preparaba el borrador de esta intervención, Huguette Abs Abou-Mrad, profesora de Estudios Culturales, publicó un grito en el periódico local francófono L'Orient-Le Jour, en donde resume la tragedia de los libaneses. La citaré en francés para preservar la sustancia del texto.


Hablando de la clase de los príncipes que gobiernan el Líbano, dividiendo el botín entre ellos sin tener en cuenta el sufrimiento de los libaneses, dice:


«Et tandis que des avides du pouvoir se battent pour s'arracher un privilège, une population dépense ce qui lui reste de papiers dévalués pour ne pas mourir deux fois».

Luego subraya el sufrimiento de la población herida diciendo:


«Comment guérir les blessures de ces oubliés, de ces laissés pour compte, ces morts vivants, dont les pertes morales et matérielles ont dépassé l'imagination la plus fertile?».

Para ella, como para la mayoría de los libaneses, el 4 de agosto de 2020 es una fecha señalada en nuestra historia, pero es el comienzo de una nueva decepción:


«Dans l'histoire moderne de notre Liban, il y aura deux moments: avant et après le 4 août. Et la prestation pour l’après - 4 août est arrivée plus décevante que celle d’avant».

Luego concluye diciendo que en el Líbano los lugares destruidos se convirtieron en “hogar «no dulce» hogar”.


En este sombrío escenario no puedo dejar de subrayar el papel de algunas partes aún sobrevivientes del gobierno libanés en las que todavía podemos confiar y apostar. Estas islas de esperanza en las instituciones del sector público deberían ser la piedra angular para el resurgimiento del gobierno.


Además, también deberíamos subrayar y destacar el papel de las organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales en la ayuda a la población durante los desastres. Ellas fueron fundamentales para atender las necesidades de la gente cuando nadie más podía hacerlo.


Observando la situación de una nación con un síndrome de indefensión adquirido, en la que ni siquiera se satisfacen las necesidades básicas de los seres humanos, uno podría preguntarse: ¿Qué pasa con la Dignidad Humana?


El sangrante Líbano necesita todo tipo de apoyo por parte de la comunidad internacional, desde el socorro inmediato hasta la restauración de la cultura de la Dignidad Humana, incluida la rehabilitación profesional, la atención médica, el apoyo educativo y la vivienda. En el Consejo de Iglesias del Oriente Medio, estamos abordando estas necesidades o planeamos hacerlo en el próximo plan de acción. La concienciación es un punto principal de nuestra agenda de acción.


Al tiempo que proporciona apoyo, ya sea en forma de conocimientos técnicos o ayuda material, la comunidad internacional está llamada a examinar las organizaciones a través de las cuales se canaliza el apoyo, de modo que no se produzca ningún despilfarro y que la eficacia de la ayuda alcance su punto máximo.


Se han producido enormes pérdidas en nombre de una población que se ha beneficiado sólo en menor medida de lo que se le ha proporcionado para su bienestar. Esto debe llegar a su fin. El Líbano herido, a imagen de Cristo, vencerá al diablo y el curso de la historia será de su interés en los días venideros.


Sólo esperamos que el proceso no requiera tantos sacrificios como los que el Líbano ha hecho hasta ahora.


Beirut, 20 de noviembre de 2020




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