"Permaneced en mi amor... para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea completo"

San Juan Enrique Newman (1801-1890)

Cardenal, fundador del Oratorio en Inglaterra, teólogo

Sermón “El Yugo de Cristo” PPS, vol. 7, nº 8


#maronitas
"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt. 16,24)

Cristo se había ido. Paz y alegría tuvieron los Apóstoles en abundancia, más que cuando estaba con ellos; pero por eso mismo, no fue un gozo "como el que da el mundo" (Jn 14,27). Fue su propia alegría la que surgió del dolor y el castigo. Esta fue la alegría que recibió San Matías cuando fue hecho Apóstol. Los demás habían sido elegidos (por así decirlo) como niños; habían sido herederos del reino, estando bajo tutores y gobernadores (Gal 4,2), y, siendo Apóstoles, no habían entendido su vocación, habían tenido pensamientos ambiciosos o deseos de riquezas, y fueron complacidos por un tiempo. Pero San Matías entró en su herencia de inmediato. Asumió inmediatamente, por su elección, el poder y la pena del Apostolado. Ningún sueño de prosperidad terrenal podía revolotear alrededor de ese trono, que estaba levantado sobre la tumba de uno que había sido probado y había caído, y bajo la sombra inmediata de la cruz de Aquel a quien había traicionado.


Pues bien, San Matías nos repite en este día las palabras de nuestro Señor: "Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí" (Mt 11,29), porque él lo había asumido desde el principio... Había llevado el yugo en su juventud [apostólica]. Entró de inmediato en su larga Cuaresma, y ​​se regocijó en ella. "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt. 16,24). Aquí tenemos las palabras del texto repetidas enfáticamente. Venir a Cristo es venir en pos de Él; tomar nuestra cruz, es tomar sobre nosotros su yugo; y aunque Él llama a esto un yugo fácil, sin embargo, es fácil porque es Su yugo, y Él lo hace fácil; sin embargo, no deja de ser un yugo, y es molesto y angustiante, porque es un yugo. Por supuesto que no quiero decir, ni mucho menos, que la religión no está llena de alegría y de paz también; "Mi yugo", dice Cristo, "es fácil y ligera mi carga" (Mt 11,30), pero la gracia lo hace así; en sí es severo: ese yugo es una cruz.

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