"¿Por qué esta generación busca una señal?"

San Hilario (c.315-367)

Obispo de Poitiers, Doctor de la Iglesia

La Trinidad, Libro 12, 52-53


#maronitas


Padre Santísimo, Dios Todopoderoso, cuando levanto la tenue luz de mis ojos hacia el cielo, ¿cómo puedo dudar que sea vuestro cielo? Cuando contemplo el movimiento de las estrellas y su ciclo anual; cuando veo las Pléyades, la Osa Menor y el Lucero de la Mañana y considero cómo cada uno de ellos brilla en la guardia que le ha sido asignada, entonces comprendo, oh Dios, que estás allí en esas estrellas más allá de mi comprensión. Cuando veo “las rompientes del mar” (Sal 93[92]:4) no puedo captar el origen de sus aguas ni siquiera lo que pone en movimiento su flujo y reflujo. Y sin embargo, por impenetrable que sea para mí, creo que hay una causa para estos hechos de los que no tengo conocimiento y allí, también, percibo tu presencia.


Si vuelvo mi mente hacia la tierra que, por medio de la energía de fuerzas ocultas, descompone todas las semillas que ha recibido en su seno, las hace germinar y multiplicarse lentamente, luego las hace crecer, no veo nada en todo esto que pueda entender con mi intelecto. Pero aún esta ignorancia me ayuda a discerniros, ya que, si no tengo conocimiento de la naturaleza puesta a mi servicio, os entiendo por el mero hecho de que está allí para mi uso.


Y si me vuelvo hacia mí mismo, esta experiencia me dice que no me comprendo a mí mismo y te asombro tanto más cuanto que soy un extraño para mí mismo. En efecto, aunque no pueda comprenderlos, tengo una experiencia de los movimientos de mi mente cuando juzga, de sus operaciones, de su vida. Y es a ti a quien debo esta experiencia, a ti que me has hecho partícipe de esta naturaleza sensible, que es mi alegría aunque su origen esté fuera del alcance de mi inteligencia. No me comprendo a mí mismo, pero es en mí mismo que te encuentro y, al encontrarte, te adoro.

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