"Quien te escucha a ti me escucha a mí. Quien te rechaza a ti me rechaza"


#maronitas

San Juan Pablo II

Papa de 1978 a 2005

Encíclica « Redemptoris missio »



Nuestros tiempos son trascendentales y fascinantes. Mientras que por un lado la gente parece estar persiguiendo la prosperidad material y hundiéndose cada vez más en el consumismo y el materialismo, por otro lado estamos asistiendo a una búsqueda desesperada de sentido, la necesidad de una vida interior y un deseo de aprender nuevas formas y métodos de meditación y oración. No sólo en las culturas con fuertes elementos religiosos, sino también en las sociedades secularizadas, se busca la dimensión espiritual de la vida como antídoto contra la deshumanización. La Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual que ofrecer a la humanidad, patrimonio en Cristo, que llamó mismo "el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6).

La Iglesia debe ser fiel a Cristo, cuyo cuerpo es ella y cuya misión continúa. Ella debe necesariamente "recorrer el mismo camino que recorrió Cristo, es decir, un camino de pobreza, obediencia, servicio y abnegación hasta la muerte, del que salió vencedor por su resurrección" (Vaticano II, AG5). La Iglesia está, pues, obligada a hacer todo lo posible para cumplir su misión en el mundo y llegar a todos los pueblos. Y ella tiene el derecho de hacer esto, un derecho que Dios le ha dado para la realización de su plan. La libertad religiosa, todavía a veces limitada o restringida, sigue siendo la premisa y garantía de todas las libertades que aseguran el bien común de las personas y de los pueblos. Es de esperar que la auténtica libertad religiosa sea concedida a todas las personas en todas partes. Es un derecho inalienable de todas y cada una de las personas humanas.


Por su parte, la Iglesia se dirige a las personas con pleno respeto a su libertad. Su misión no restringe la libertad sino que la promueve. La Iglesia propone; ella no impone nada. Respeta a las personas y las culturas, y honra el santuario de la conciencia. A quienes por diversos motivos se oponen a la actividad misionera, la Iglesia les repite: ¡Abran las puertas a Cristo!

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