Reconocer aquí y ahora los bienes de la eternidad


#maronitas

Benedicto XVI

Papa de 2005 a 2013

Encíclica “ Caritas in veritate ”, 7 (©Libreria Editrice Vaticana)


El bien del individuo es un bien que está ligado a la vida en sociedad: el bien común. Es el bien de “todos nosotros”, formados por individuos, familias y grupos intermedios que juntos constituyen la sociedad. Es un bien que se busca no por sí mismo, sino por las personas que pertenecen a la comunidad social. Desear el bien común y esforzarse por alcanzarlo es una exigencia de justicia y de caridad.


Todo cristiano está llamado a practicar esta caridad, en la forma que corresponda a su vocación y según el grado de influencia que ejerza en los demás. Este es el camino institucional —podríamos llamarlo también el camino político— de la caridad, no menos excelente y eficaz que la caridad que se encuentra directamente con el prójimo. Cuando está animado por la caridad, el compromiso por el bien común tiene más valor que el que tendría una postura meramente secular y política. Como todo compromiso por la justicia, tiene cabida en el testimonio de la caridad divina que allana el camino de la eternidad a través de la acción temporal.


La actividad terrena del hombre, cuando está inspirada y sostenida por la caridad, contribuye a la edificación de la ciudad universal de Dios, que es la meta de la historia de la familia humana. En una sociedad cada vez más globalizada, el bien común y el esfuerzo por obtenerlo no pueden dejar de asumir las dimensiones de toda la familia humana, es decir, de la comunidad de los pueblos y de las naciones, de manera que configura la ciudad terrena en unidad y paz, haciéndola en cierto modo anticipación y prefiguración de la ciudad indivisa de Dios.

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