«Sólo Dios llena el alma, y ​​la llena por completo».

San Rafael Arnaiz Barón (1911-1938)

monje trapense español

Escritos espirituales, 03/04/1968 (trad. Mairin Mitchell, 1964 alt.)




Purificas por fuera pero Dios se encuentra por dentro.

Si el mundo que busca a mi Dios supiera, si esos sabios que buscan a Dios en la ciencia y en la discusión interminable supieran, si la gente supiera dónde encontrar a Dios, cuántas guerras se evitarían, qué paz habría en el mundo, ¡cuántas almas se salvarían! ¡Insensato y estúpido que busques a Dios donde no está! Escucha, y llénate de asombro: Dios está en nuestros corazones, lo sé. Dios habita en el corazón humano cuando este corazón vive retirado de todo lo que no es Él, cuando este corazón escucha el llamado de Dios a su puerta (Ap 3,20) y, barriendo y limpiando todas sus habitaciones, se dispone a acoger a Aquel que es el único satisface verdaderamente.


Que dulce es vivir así, con Dios en el corazón. ¡Qué sublime paz encontrarse lleno de Dios!... ¡Qué poca molestia es; más bien debe decirse, no hay problema en hacer lo que Él quiere, ya que amamos su voluntad, y aun el dolor y el sufrimiento son su paz, ya que sufrimos por amor. Sólo Dios llena el alma, y ​​la llena por completo. Que los científicos sigan preguntando: ¿Dónde está Dios? Él está donde esos inteligentes, arrogantes en su conocimiento, no pueden llegar.


Texto bíblico:


Cuando terminó de hablar, cierto fariseo le rogó que comiera en su casa. Entró y se puso a la mesa. El fariseo se quedó extrañado al ver que Jesús no se había lavado antes de la comida. Pero el Señor le dijo:

—Así que ustedes, los fariseos, limpian por fuera la copa y el plato, pero su interior está lleno de rapiña y de maldad. ¡Insensatos! ¿Acaso quien hizo lo de fuera no ha hecho también lo de dentro? Den, más bien, limosna de lo que guardan dentro, y así todo será puro para ustedes. Pero, ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el diezmo de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, pero desprecian la justicia y el amor de Dios! ¡Hay que hacer esto sin descuidar lo otro!

¡Ay de ustedes, fariseos, porque apetecen los primeros asientos en las sinagogas y que los saluden en las plazas!».

¡Ay de ustedes, que son como sepulcros disimulados, sobre los que pasan los hombres sin saberlo!.

Entonces, cierto doctor de la Ley, tomando la palabra, le replica:

—Maestro, diciendo tales cosas nos ofendes también a nosotros.

Pero él dijo:

—¡Ay también de ustedes, los doctores de la Ley, porque imponen a los hombres cargas insoportables, pero ustedes ni con uno de sus dedos las tocan!

¡Ay de ustedes, que edifican los sepulcros de los profetas, después que sus padres los mataron! Así pues, son testigos de las obras de sus padres y consienten en ellas, porque ellos los mataron, y ustedes edifican sus sepulcros.

(Evangelio según Lc 11,37-48)


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