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«Tú eres... el Hijo del Dios viviente»


#maronitas
Icono maronita de san Pedro

San Hilario (c.315-367)

Obispo de Poitiers, Doctor de la Iglesia

Comentario al Evangelio de San Mateo, 16


El Señor había preguntado: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?” Es cierto que su apariencia corporal daba a conocer al Hijo del Hombre, pero, al formular esta pregunta, hacía comprender que había algo más que discernir más allá de lo que se podía ver. El objeto de la pregunta era un misterio hacia el cual debía tender la fe del creyente.


La confesión de Pedro fue plenamente recompensada como merecía por haber visto al Hijo de Dios dentro del hombre. “Bendito” es, en verdad, y alabado por haber penetrado más allá de la simple vista humana, sin mirar lo que viene de carne y sangre, sino contemplar al Hijo de Dios revelado por su Padre celestial. Fue tenido por digno de ser el primero en reconocer lo que en Cristo era de Dios. ¡Qué fundamento tuvo la suerte de dar a la Iglesia, sobre la base de su nuevo nombre! Se convirtió en la roca digna de edificar la Iglesia para que pueda violar las leyes del infierno... y toda prisión de muerte. ¡Oh bendito portero del cielo, a quien fueron dadas las llaves de entrada a la eternidad! Su juicio en la tierra adquiere autoridad de antemano en el cielo, de tal manera que lo que ha sido atado o desatado en la tierra lo es también en el cielo.


Jesús también ordena a sus discípulos que no digan a nadie que Él es el Cristo, ya que otros, es decir, la Ley y los profetas, deben ser testigos de su Espíritu, mientras que el testimonio de la resurrección pertenece a los apóstoles. Y así como se dio a conocer la bienaventuranza de los que conocen a Cristo en el Espíritu, así también se dio a conocer el peligro de malentender su humildad y Pasión.

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