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«Te daré las llaves del reino de los cielos»



#maronitas

San Máximo de Turín (?-c.420)

obispo

Sermón


El Señor reconoció en Pedro a un mayordomo fiel a quien confió la llave del Reino y, en Pablo, a un maestro hábil a quien confió la responsabilidad de enseñar en la Iglesia. Para que aquellos a quienes Pablo ha formado puedan encontrar la salvación, Pedro debe recibirlos en su reposo. Cuando Pablo ha abierto los corazones con su predicación, Pedro abrirá el Reino de los cielos a las almas. Es, pues, una especie de llave que también Pablo ha recibido de Cristo: la llave del conocimiento, que le permite abrir hasta lo más profundo sus corazones endurecidos hacia la fe. Luego, en el desvelamiento espiritual, hace que lo que estaba oculto en su interior aparezca a la luz del día. Esta es una llave que permite escapar de las conciencias la confesión del pecado y encierra en ellas para siempre la gracia del misterio del Salvador.


Así que ambos han recibido llaves de las manos del Señor: la llave del conocimiento para el uno y la llave de la autoridad para el otro; el primero reparte las riquezas de la inmortalidad, el segundo dispensa los tesoros de la sabiduría. Porque hay tesoros de conocimiento, como está escrito: este misterio es Cristo “en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Col 2, 3).

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