Vida de san Chárbel Majluf,

patrón de nuestra parroquia

Resumen biográfico del Padre Paul Daher traducido por Mariana Nehemy

para www.maronitas.org

 

Durante la ceremonia de beatificación, el Papa Pablo VI, llamó al entonces beato Chárbel, el Primer Gran Confesor de Oriente de la época contemporánea; el mismo Santo Padre en la homilía que dedicó a San Chárbel en la ceremonia de su canonización, expresó su alegría y felicitaciones a la Iglesia Maronita por este Primer Santo de la Iglesias Orientales desde el siglo XI, canonizado según los procedimientos actuales de la Santa Sede.

 

San Chárbel, actualmente, es famoso en todo el mundo por su poderosa intercesión ante Dios, quien le ha concedido la gracia de realizar numerosas conversiones y curaciones, que atestiguan el amor de este humilde ermitaño que vivió y murió en el perfecto amor a Dios y a los hombres y mujeres del Líbano y del mundo entero.

 

Historia de vida de un Ermitaño: Chárbel

 

Nuestro santo nació en Beqakafra, pueblo situado a 140 kms. al norte de Beirut, el 8 de mayo del año de 1828; quinto hijo de Antonio Majluf y Brigitte Chidiac, piadoso matrimonio de campesinos.

 

Ocho días después de su nacimiento recibió el bautismo y la confirmación en la parroquia de su pueblo natal dedicada a Nuestra Señora, y sus papás le pusieron por nombre José (o Yusef, en libanés). Sus primeros años transcurrieron en paz y tranquilidad, rodeado de su familia y, sobre todo, de la insigne devoción de su mamá, quien toda su vida practicó de palabra y de obra su fe católica según la tradición maronita, dando un excepcional ejemplo de santidad a sus hijos que crecieron, así, en el santo temor de Dios.

 

A los tres años, su papá fue reclutado por el ejército turco, que luchaba en ese momento contra las tropas egipcias. Su papá murió de regreso a casa y su mamá, pasado un tiempo, vuelve a contraer matrimonio con un hombre devoto y bueno, quien eventualmente recibió la orden sacerdotal. José ayudó siempre a su padrastro en todas las ceremonias religiosas, notándose en él, desde un principio, un raro ascetismo y una particular inclinación a la vida de oración.

 

Infancia

 

José aprendió las primeras letras en la escuela parroquial del pueblo, en una pequeña habitación contigua a la iglesia. A los14 años se dedicaba a cuidar un rebaño de ovejas cerca de su casa; de este tiempo datan sus primeras experiencias serias en cuanto a la oración, pues se retiraba constantemente a una cueva que había descubierto cerca de los pastizales, y ahí pasaba largas horas de meditación, recibiendo muchas veces las burlas de otros muchachos, también pastores de su edad, de la región. Aparte de su padrastro (sacerdote), tenía dos tíos de parte de su mamá que eran sacerdote y, además, ermitaños pertenecientes a la Orden Libanesa Maronita, a quienes visitaba con frecuencia, pasando largas horas de conversación, referentes a la vocación religiosa y en especial al monacato, que cada vez se hacía más significativo para él.

 

La vocación

 

A la edad de 20 años, José es todo un hombre, sostén de su casa; él sabe que pronto deberá contraer matrimonio, sin embargo, se resiste a la idea y tras un período de tres años de espera, en los cuales había llegado a escuchar la voz de Dios “Deja todo, ven y sígueme”, se decide por la vida religiosa. En efecto, sin despedirse de nadie, ni de su mamá siquiera, una mañana del año de 1851 se dirige al convento de Nuestra Señora de Mayfouq, donde será recibido como postulante y luego como novicio, llevando una vida ejemplar desde el primer momento de su ingreso al monasterio, sobresaliendo sin lugar a duda su obediencia. Es aquí donde tomó su hábito de novicio, donde renunció a su nombre de bautismo y donde eligió consagrarse como monje bajo el nombre de Chárbel.

 

Estudios para Sacerdote

 

Pasado un tiempo lo destinaron al monasterio de san Marón en Annaya, en donde profesó en 1853 sus votos perpetuos como monje. Inmediatamente después, la obediencia lo llevó al monasterio de san Cipriano en Kfifen, donde cursó sus estudios en filosofía y en teología, llevando una vida ejemplar en cuanto a la observancia de la Regla de la Orden.

 

Fue ordenado sacerdote el 23 de julio de 1859 por Mons. José Al Marid, bajo en época del patriarca S.B. Pablo Pedro Massad, en el palacio patriarcal de Bkerke. Al poco tiempo de ordenado, el padre Chárbel regresó al monasterio de Annaya por orden de sus superiores. Ahí pasó largos años dando un hermoso ejemplo de santidad a todos sus hermanos monjes de la Orden Libanesa Maronita en las más diversas actividades que ejercía, como fueron el apostolado, el cuidado de los enfermos, la dirección espiritual de almas y el trabajo manual (¡cuánto más humilde mejor!).

 

Ermitaño

 

Así transcurrió su vida en comunidad. Sin embargo, el anhelaba fervientemente llegar a ser ermitaño, y para ello pidió autorización al superior, quien viendo que Dios estaba con él redactó la autorización solicitada el 13 de febrero de 1875. Desde este momento hasta el día de su muerte ocurrida la víspera de Navidad del año de 1898 vivió como ermitaño en la ermita de los santos Pedro y Pablo. En ella se dedicó al coloquio íntimo con Dios, perfeccionándose en las virtudes, en la ascésis, en la santidad heroica, en el trabajo manual y en el cultivo de la tierra, en la oración, en el rezo de Liturgia de las Horas 7 veces al día y del Rosario, y en la mortificación de comer una vez al día y llevar un cilicio en su cuerpo.

 

San Chárbel alcanzó celebridad después de su muerte, empezando por el prodigio de su cuerpo incorrupto, que sudaba con sangre y emanaba una luz observada y constatada no sólo por miembros de su Orden sino por el pueblo que empezó a venerarlo como a santo, aún cuando la jerarquía y los superiores habían prohibido su culto, mientras la Iglesia no pronunciara su veredicto.

 

Beatificación y canonización

 

Andando el tiempo, y en vista de los milagros que hacía y del culto de que era objeto, el Superior General de la Orden Libanesa Maronita el padre Ignacio Dagher se dirigió a Roma en 1925 para solicitar de S.S. el Papa Pío XI la apertura del proceso de beatificación del ermitaño padre Chárbel Majluf.

 

Durante la clausura del Concilio Vaticano II, el 5 de Diciembre de 1965, Su Santidad Pablo VI, en una preciosa concelebración junto a Su Beatidud Paul Pierre cardenal Meouchi, Patriarca de Antioquía y de todo el Oriente, lo beatificó y entre otras cosas dijo sobre él:  "un ermitaño de la montaña libanesa está inscrito en el número de los bienaventurados… un nuevo miembro de santidad monástica enriquece con su ejemplo y con su intercesión a todo el pueblo cristiano. Él puede hacernos entender en un mundo fascinado por el confort y la riqueza, el gran valor de la pobreza, de la penitencia y del ascetismo, para liberar el alma en su ascensión a Dios".

 

El 9 de octubre de 1977 durante el Sínodo de los Obispos, el mismo Papa canonizó al beato Chárbel, elevándolo a los altares con la siguiente formula: "en honor de la Santa e Individua Trinidad, para exaltación de la fe católica y promoción de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y nuestra, después de madura deliberación y tras implorar intensamente la ayuda divina… decretamos y definimos que el beato Chárbel Majluf es santo, y lo inscribimos en el catálogo de los santos, estableciendo que sea venerado como santo con piadosa devoción en toda la iglesia. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

 

Enamorado de la Eucaristía y de la Santísima Virgen María, San Chárbel modelo y ejemplo de vida consagrada, ha sido llamado "el último de los grandes ermitaños del oriente cristiano". Sus milagros son múltiples y todo aquel que se acerca a su poderosa intercesión, no ha quedado jamás defraudado, recibiendo siempre el beneficio de la gracia.

 

 

“El justo florecerá, como una palmera, crecerá como un Cedro de Líbano. Plantado en la Casa del Señor”

Sal. 91 (92) 13-14

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