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Canonización de Santa Rafka


#maronitas
Icono de Santa Rafka

Por: Farah Al-Ammar de maronitas.org


El 10 de junio de 2001 los ángeles del cielo cantaron por la canonización de Santa Rafka. Ella es la flor de Himlaya, que cosechamos hoy del fruto de su santidad, gracia y bendiciones para su país, el Líbano.


Hoy, nos arrodillamos ante la tumba de una mujer llena de espiritualidad, obediencia y sacrificio, que vivió inmersa en el amor de Cristo, perseverando en la oración y respondiendo con gran placer a la llamada del Señor a ser su sierva, primero en la Congregación de las Mariamitas, y luego en la Orden Libanesa Maronita , donde sirvió y amó a Dios con toda sencillez y sin límites. Llena de amor, no dejaba de pronunciar el nombre de María, San José y Jesús. Envuelta en la humildad y la mansedumbre que extraía del Evangelio, de las enseñanzas de Jesús y de la vida de los santos, se convirtió entre sus colegas en una llama de fe y un ejemplo en el cumplimiento de las leyes, la oración, la austeridad, el sacrificio y el trabajo silencioso.


Rafka alimentó su vida con el sacrificio y se llenó del Espíritu Santo, por lo que vivió en la presencia del Señor Jesús, pero la joven monja no estaba satisfecha con eso, sino que quería abrazar al crucificado y compartir su dolor con Él, entonces le pidió que la visitara con una enfermedad y cargó una cruz de sufrimientos, y profundo amor a Cristo durante 29 años. Ella se convirtió en un apóstol para Él que siempre repetía: “Para la Gloria de Dios en comunión con la Pasión de Cristo... por la corona de espinas de tu cabeza Señor”.


La religiosa sufre de diversas enfermedades, queda paralítica y ciega, pero su fe no se quebrantó, y ofreció sus dolores físicos para propiciación de los pecados de toda la humanidad, sobre todo, de su nación. Estos dolores comenzaron a aumentar con los días hasta que se le apagó la luz de los ojos y se le aflojaron las articulaciones, y pasó sus últimos siete años acostada en la cama del dolor, durmiendo del lado derecho por la herida en su hombro izquierdo, que recibió a imitación de Jesús, pero no perdió la fe ni la sonrisa y no permitió que la enfermedad la agobiara.


Hoy, en memoria de Su Santidad, le pedimos, Lirio del Líbano, que derrame verdadera alegría en nuestro mundo que sufre, y que le pida a Dios que sane a cada enfermo y que siembre felicidad, calor, luz y vida en los corazones de los afligidos. Devuelve a nuestra patria y a todas las tierras doloridas serenidad, paz y amor, y guarda la levadura de la santidad para nuestras familias cristianas y nuestra Iglesia, ¡Amén!


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