“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”.


#maronitas
La anunciación a María

Joseph Cardenal Ratzinger [Papa Benedicto XVI]

Introducción al cristianismo (Einführung in das Christentum)


En todos los nacimientos milagrosos de la antigua alianza en los momentos decisivos de la historia de la salvación, el sentido del acontecimiento es siempre el mismo: la salvación del mundo no viene del hombre, de sus propias fuerzas. La persona humana debe permitir que se le dé, sólo puede recibirlo como un don gratuito. El nacimiento virginal de Cristo es ante todo un mensaje sobre el modo en que nos llega la salvación: en la sencillez de la acogida, como don absolutamente gratuito del amor que redime al mundo. “Prorrumpid en cánticos de júbilo, las que no estabais de parto, porque más numerosos son los hijos de la mujer abandonada que los hijos de la que tiene marido.” (Is 54,1) En Jesús, Dios comenzó algo nuevo en medio de una humanidad estéril y desesperada, algo que no es producto de nuestra historia, sino un don de lo alto.


Si es verdad que todo ser humano constituye ya una novedad inefable, que cada uno representa una criatura única de Dios en la historia, Jesús es la verdadera novedad. Él no procede de los propios recursos de la humanidad, sino del Espíritu de Dios. Por eso es el “nuevo Adán” (1 Cor 15,47). Con él comienza una nueva humanidad. La fe cristiana profesa que Dios no es prisionero de su eternidad, limitado a lo puramente espiritual. Al contrario, Dios puede actuar aquí y ahora, en medio de mi universo. Sí actuó allí con eficacia en Jesús, el nuevo Adán, nacido de la Virgen María por la fuerza creadora de Dios, cuyo Espíritu flotaba en el principio sobre las aguas (Gn 1,2), creando el ser de la nada.

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