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Convertirse en una verdadera imagen de Dios


#maronitas

San Lorenzo de Brindisi (1559-1619)

Capuchino, Doctor de la Iglesia

Sermón para el domingo 22 después de Pentecostés, 2-5; Ópera omnia 8, 335



“Dad, pues, al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Debemos devolver a cada uno lo que le corresponde. Ahora bien, ésta es una palabra verdaderamente llena de sabiduría y de entendimiento celestial, porque nos enseña que hay dos clases de poder, uno terrenal y humano, otro celestial y divino. Nos enseña que de esta manera estamos obligados a una doble forma de obediencia, una a las leyes humanas y otra a las divinas.


Debemos pagar al César con la moneda que lleva la imagen y la inscripción del César y de Dios con lo que ha recibido el sello y la imagen de la semejanza divina: “La luz de tu rostro, oh Señor, está marcada sobre nosotros” (Sal 4, 7 Vg.).


Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1, 26). Eres un hombre, oh cristiano. Entonces eres el dinero en el cofre del tesoro divino, una moneda que lleva la imagen y la inscripción del emperador divino. De ahora en adelante, si pregunto con Cristo: “¿De quién es esta imagen y esta inscripción?”, responderéis: “De Dios”. Y yo respondo: “¿Por qué entonces no devolvéis a Dios lo que es suyo?”


Si realmente queremos ser imagen de Dios entonces debemos parecernos a Cristo, ya que él es imagen de la bondad de Dios y “la huella misma de su ser” (Heb 1, 3). Y Dios “predestinó a los que antes conoció a ser hechos conformes a la imagen de su Hijo” (Rom 8, 29). Cristo verdaderamente devolvió al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Observó de la manera más perfecta posible los preceptos contenidos en las dos tablas de la ley divina, “siendo obedientes hasta la muerte y muerte de cruz” (Fil 2, 8). Así fue adornado en el más alto grado con todas las virtudes, tanto manifiestas como ocultas.

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