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«Cristo es el grano de mostaza y la levadura sembrada en el mundo»


#maronitas

San Juan Enrique Newman (1801-1890)

Cardenal, fundador del Oratorio en Inglaterra, teólogo

PPS vol.6, no.20 "El Templo Visible"



La venida de Cristo fue para someter este mundo, reclamarlo como suyo, hacer valer sus derechos como su Señor, destruir el dominio usurpado del enemigo, mostrarse a todos los hombres y tomar posesión. Él es ese árbol de mostaza que estaba destinado silenciosamente a extenderse y cubrir todas las tierras; Él es esa levadura que secretamente se abriría camino a través de la masa de opiniones e instituciones humanas hasta que todo quedara fermentado. Hasta entonces el cielo y la tierra habían estado separados. Su misericordioso propósito era hacerlos uno, y eso haciendo que la tierra fuera como el cielo.


Él estuvo en el mundo desde el principio, y el hombre adoraba a otros dioses; Vino al mundo en carne, y “el mundo no le conoció”; “A los suyos vino, y los suyos no le recibieron” (Jn 1,10-11). Pero Él vino para que lo recibieran, lo conocieran y lo adoraran. Él vino para absorber este mundo en Sí mismo; para que, como él era luz, así también él sea luz. Cuando vino, “no tenía dónde reclinar la cabeza” (Lc 9, 58); pero vino para hacerse un lugar, para hacerse un hogar, para hacerse casas, para hacerse una morada gloriosa a partir de todo este mundo, que los poderes del mal habían tomado cautivo.


Él vino en la oscuridad, en la noche oscura nació, en una cueva subterránea. Allí primero recostó su cabeza; pero no quiso decir: ¡bendito sea Su Nombre! Su intención era no permanecer allí para siempre. Él no se resignó a esa oscuridad. Se propuso cambiar la tierra. Todo debía ser por Él renovado, y de nada se sirvió para hacer de la nada todas las cosas.


Era una luz que brillaba en un lugar oscuro, hasta que por la virtud que salió de Él, creó un Templo digno de Su Nombre.

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