Cuando lo falso se convierte en cultura

«Los cristianos no olvidan ni por un momento que son la sal de la tierra y que deben impedir la corrupción de la sal con todas sus fuerzas, y que son la luz del mundo y son una lámpara que debe permanecer en el faro para brillar ante la gente, como nos enseñó el Señor en su Sermón de la Montaña»: Abs

Crédito de la foto: BBC

Dr. Michel E. Abs Secretario General del Consejo de Iglesias del Oriente Medio El hombre inventa en su vida cotidiana métodos de trato y pautas de comportamiento que adopta en la gestión de sus asuntos vitales para asegurar sus intereses y preservar sus logros sociales, económicos, políticos y de otro tipo. Son los mecanismos de autoconservación y autodefensa. La psicología los ha llamado «mecanismos de defensa», un concepto que se ha convertido en uno de los axiomas de la psicología y no hay controversia en torno a él, ya que se ha extendido incluso entre los no especialistas y la gente interpreta que muchos comportamientos entran dentro de este concepto. Pero la mente humana ha inventado, desde la antigüedad, una forma de relacionarse con los demás, que ha adoptado diversas formas históricas y ha pasado a formar parte de la cultura humana: la falsedad. La falsedad no es sólo un patrón de comportamiento o un medio de trato que necesitan quienes han abandonado los valores de la honestidad y la transparencia y tienen mucho que ocultar a la gente, para evitar la vergüenza o la responsabilidad, o ambas cosas. Más bien, se ha arraigado en formas de pensar y de reaccionar. Los comportamientos no veraces se extienden entre la gente, como un reguero de pólvora, impulsados por los medios de comunicación que ya no son capaces de controlar lo que se publica a través de ellos después de que la revolución de la información haya llegado a su punto álgido, y lo que está por venir es mayor. A través de las redes de comunicación, que nos transmiten las pautas de comportamiento que no se tenían en cuenta, la gente se enteró de la falsedad y se complació en ella, ya que encontró en ella muchas cosas que no acepta. Así que lo adoptaron como patrón de comportamiento social que se generalizó a grandes segmentos de la sociedad humana que se transformó en una sociedad de falsos a pesar de la existencia de un gran número de personas honestas con un alto grado de transparencia. La gente falsa vive entre nosotros todos los días, nos adula y nos alaba falsamente. Nos saludan mientras desearían que nos borrasen de la faz del mundo, nos abrazan con un puñal en la mano y nos hacen oír palabras dulces mientras nos maldicen en secreto. Los falsarios adoptan expresiones de madera que se adaptan a cada tiempo y lugar, expresiones que han perdido su significado porque se han vuelto trilladas, pensando —o deseando— que puedan pasar sus planteamientos que no engañan a nadie. Los falsificadores justifican todo defecto y vicio dándole un sentido y una legitimidad que no existe sino en su imaginación enferma. Filosofan los males que cometen y se esfuerzan por defenderlos para convencerse a sí mismos antes de convencer a los demás. Creen que convenciéndose a sí mismos, convencen a los demás. La paradoja del mal tiempo es que esta falsedad se ha convertido en cultura y se ha posicionado en la sociedad moderna, golpeando el sistema de valores y convirtiendo al hombre en una criatura que se esclaviza a sí misma cuando se convence de que esta falsedad es la verdad. Es una nueva era de esclavitud en la que el hombre rinde culto a sus intereses sometiéndose a las exigencias de la falsedad y la hipocresía. De ahí parten las falsas relaciones entre las personas, a través de las cuales cada una manipula los sentimientos de la otra, y la vida social se convierte en un mar de malicia en el que los honorables se pierden y son llamados ingenuos. En tal contexto social, pocos son los que mantienen sus ideales básicos, y caminan sin esperanza ni expectativa en una vida social corrupta que atrae a las almas débiles y les impide caminar hacia la luz y hacia la verdad cuyo conocimiento es lo que libera. La falsedad va acompañada de muchos comportamientos relacionados, y la hipocresía es uno de ellos. El hombre la ha producido desde el principio de la civilización, y el cristianismo la ha combatido hasta hoy. El cristianismo se encuentra hoy en las etapas más difíciles de su lucha con esta tendencia decadente del ser humano, una tendencia que destruye la humanidad del hombre antes de eliminarlo de la existencia. Sin embargo, queda que «Bienaventurados los pobres de espíritu. Porque de ellos es el reino de los cielos», porque con su inocencia tan brillante como la nieve queman la falsedad, la hipocresía y el engaño de los que eligieron este camino, porque hay nieve tan helada que se vuelve ardiente. Además, los cristianos no olvidan ni por un momento que son la sal de la tierra y que deben impedir la corrupción de la sal con todas sus fuerzas, y que son la luz del mundo y son una lámpara que debe permanecer en el faro para brillar ante la gente, como nos enseñó el Señor en su Sermón de la Montaña. Los retos son muchos, y la lucha continúa, y llega quien tiene la razón en las aspiraciones.


 

Texto también disponible en العربية (árabe) y en English (inglés).



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