San Charbel revela la llave de la puerta del cielo


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Por: Rita Karam de maronitas.org


En medio del dolor, elegimos el camino más fácil: escapar. En medio del sufrimiento nos debilitamos, negamos a nuestro Dios, nuestra fe se derrumba, nuestra razón pierde su lógica, nos desviamos de la obediencia al Señor y nuestro corazón se envenena por el pecado; si el cuerpo tuviera un ojo, habría visto su naturaleza terrible, que distorsiona la imagen de Cristo en nosotros. Todo esto es consecuencia de nuestra incomprensión del significado de la Cruz, cuyo peso se duplica cada vez que cerramos los ojos ante la alegría que encierra y el bien que refleja al final del camino, que se manifiesta en la resurrección.

En efecto, la cruz no es más que la pérdida de Dios de sus hijos, por la cual otorga al creyente la bendición de la paciencia y la mansedumbre, para que en ella crezca el amor, y el juicio sea quitado de él, y sus efectos se transmitan a los demás, y su resultado está unido a Dios en sus sufrimientos. En medio del sufrimiento, Dios está igualmente presente en los sufrimientos de su Hijo.


La cruz y el dolor no son más que una medicina purificadora para quien está inmerso en el pecado. Es una realidad que puede no ser fácilmente aceptada por todos, quienes la consideran un castigo de Dios, pero la verdad es todo lo contrario. De hecho, sería mejor si lo buscamos en este tiempo de epidemia y tribulación y entendemos su esencia.


Cuánto necesitamos hoy, en este mundo oscuro, sufriente y convulso, que la luz de Cristo brille a través de nosotros. Una luz que derivamos de Su Santa Cruz, para que aceptemos Su voluntad con alegría y esperanza, y por ella contribuyamos a la salvación de las almas perdidas. ¿No fue el Señor el primero en andar este camino de sufrimiento, y nosotros tuvimos el ejemplo de llevar la cruz? Atrevámonos, pues, a tomar nuestra cruz, aferrados a una fe fuerte que no se aflija por las catástrofes, y al Rosario, nuestro vínculo con la paz y la salvación. Soportémosla y sobrellevemos todas las etapas de esta prueba y fortalezcamos nuestros músculos espirituales, imitando a los santos que buscaban el dolor para gozar de la gloria de la Resurrección con Cristo, y confesemos, como dice San Chárbel: “La cruz es la llave de la puerta del cielo.”

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