Tesoro escondido


#maronitas

Santa Teresa del Niño Jesús (1873-1897)

Carmelita, Doctora de la Iglesia

Carta 145 (©ICS publicaciones)


Dice la esposa de los Cánticos que se levantó a buscar a su Amado en la ciudad, pero en vano; después de haber salido de la ciudad, encontró al que amaba su alma. (Sg. 3.1-4). Jesús no quiere que encontremos su presencia adorable en el reposo; Se esconde... ¡Oh! qué melodía para mí es este silencio de Jesús. Él se hizo pobre para que pudiéramos darle amor. Él nos tiende la mano como un mendigo para que en el radiante día del juicio en que aparecerá glorioso, nos haga escuchar esas dulces palabras: "Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis a comer"; tuve sed y me disteis de beber; no sabía dónde alojarme, y me disteis hogar; estuve en la cárcel, enfermo, y me socorristeis» (Mt 25,34-36). Jesús mismo que ha dicho estas palabras, es Él quien quiere nuestro amor, quien lo suplica.

Jesús es un tesoro escondido, un bien inestimable que pocos encuentran, porque está escondido, y el mundo ama lo que resplandece. ¡Ay! si Jesús hubiera querido mostrarse a todas las almas con sus dones inefables, no hay duda de que ninguna de ellas lo habría despreciado. Sin embargo, Él no quiere que lo amemos por sus dones, Él mismo debe ser nuestra recompensa.


Para encontrar una cosa escondida hay que esconderse uno mismo; nuestra vida debe ser entonces un misterio. Debemos ser como Jesús, cuyo rostro estaba oculto” (Is 53,3).

Jesús te ama con un amor tan grande que, si lo vieras, estarías en un éxtasis de felicidad, pero tú no lo ves, y estás sufriendo.

¡Pronto, Jesús “se levantará para salvar a todos los mansos y humildes de la tierra!” (Sal 76 [75], 10).

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